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Tutaykiri fue Revista del Colegio Profesional de Antropólogos de Lima entre los años 2009 y 2011, siendo su Director Walter Saavedra.

viernes, 27 de julio de 2012

Pacarina del Sur, núm. 12

 Número doce la revista de pensamiento crítico latinoamericano Pacarina del Sur (www.pacarinadelsur.com)

Pacarina del Sur, núm. 12
Dossier: Viajeros, peregrinos, internacionalistas y prófugos
Coordinador: Ricardo Melgar Bao
La historia continental amerita la construcción de una cartografía del horizonte diverso y complejo de sus movimientos demográficos. No los recuerda el controversial capítulo sobre los orígenes diversos del poblamiento americano y sus respectivas genealogías culturales. Nuestro dossier solo ilumina algunos de los géneros en los que nuestras disciplinas humanísticas y las ciencias sociales han diferenciado y clasificado a los desplazamientos colectivos o individuales. A través de la historia de estos géneros, se ha mostrado que los desplazamientos voluntarios o forzosos a partir del siglo XVI, al resentir el influjo de la modernidad y del colonialismo, alteraron su horizonte de sentido, sus tradiciones, sus memorias y sus símbolos. A pesar de la convocatoria de la revista, no pudimos cubrir la figura del prófugo, es decir, el que huye de quien detenta el poder, por razones diversas. Prófugos fueron los que escaparon o por lo menos lo intentaron al ser detectados como blancos de las campañas de extirpación de idolatrías entre los siglos XVI y XVII. Prófugos fueron quienes al ser delatados o descubiertos como conspiradores a favor de la independencia americana, vivieron en la clandestinidad o a “salto de mata”. La figura del prófugo tiene muchos rostros históricos y no puede ser reducida al sentido que le confiere el glosario de criminología de Wael Hikal. La idea justicia como la del prófugo, es polisémica en el arco histórico y cultural.
La brevedad temporal de un desplazamiento es relativa a las condiciones históricas y culturales que lo condicionan, como el viaje peregrino de Benedicto XVI a México, desnudado en sus reales intereses por José Luis González Martínez. En cambio, cuando el cronos se vuelve denso en el abanico de experiencias que modelan a los migrantes transnacionales como los Kichwas ecuatorianos según lo acredita Antonio Silva Guendulain. También lo ha sido para los jornaleros agrícolas nahuas mexicanos atraídos por las demandas de mano de obra regionales y sus ciclos agrícolas regionales abordados por Adriana Saldaña Ramírez y Kim Sánchez Saldaña, los cuales son un espejo de lo que viven sus pares en otros escenarios nacionales centroamericanos y sudamericanos.
Los desplazamientos de los exiliados son inherentes a su condición y a las posibilidades reales de ubicar países refugio. La singularización del exiliado ha tenido puntuales registros para los siglos XIX y XX, mientras que los estudios sobre sus rostros colectivos se han volcado sobre la segunda mitad de los años setenta del siglo pasado. Sin embargo, los países de la región carecen de una historia de sus exilios, no obstante que en la mayoría de ellos es posible reconocer la existencia de un añejo patrón de deportaciones intermitentes.  La figura del exilio se expresa con tonos aportadores y polémicos en los casos del argentino  Rodolfo Walsh, del boliviano Tristán Marof,  de los republicanos españoles José Almoina y Eugenio Fernández Granel, abordados respectivamente por José Miguel Candia, Ricardo Melgar, Salvador Morales y Arturo Taracena.
Cerrando la edición de este número de la Pacarina del Sur, que ha coincidido con el centenario Eugenio Fernández Granell, Arturo Taracena nos remite desde París un dato relevante que abona a favor de la reinterpretación histórica que consigna en su artículo y que contraría el testimonio del prestigiado intelectual republicano español. Ya no lo pudimos integrar al corpus de su trabajo como era su deseo, pero dada su trascendencia y en atención al autor y a nuestros lectores lo consignamos a continuación:   “A finales de 1949 o principios de 1940 vi en la Editorial del Ministerio de Educación, que estaba situada en la 5ª. Calle entre 10 avenida y Callejón Delfino, el lote empacado por la Tipografía Nacional de ejemplares ya impresos y encuadernados de la obra de Fernández Granell, que tengo entendido luego fue destruido por las autoridades del Ministerio a raíz de que el artista español se asiló”. [Jacobo Rodriguez Padilla, sobre el paradero de la edicion guatemalteca del libro “Arte y artista en Guatemala" de Fernandez Granell, (Paris, 2 de julio de 2012)]
Los migrantes y los exiliados fueron signados por “el desarraigo”, el cual abrió juego a lo que Antolín Sánchez Cuervo ha llamado sin desperdicio, “rara modernidad”. Si bien la figura del exiliado a veces se yuxtapuso a la del internacionalista o la del prófugo, siguió siendo hegemónica.  En el curso de la historia el exilio ha sido una constante en la cultura iberoamericana, lo ha sido también la migración a pesar de las tentaciones presentistas de nuestros antropólogos y sociólogos. Cierto es que los movimientos migratorios del pasado no tuvieron ni la envergadura ni la direccionalidad de las últimas décadas, pero es cierto también que en no pocas oportunidades atravesaron las fronteras políticas de los estados. A  los dos estudios migratorios contemporáneos ya mencionados de este dossier, se suma, la entrevista realizada por Luis Miguel Morayta al artista nahua Marcial Camilo con la finalidad de develar sus itinerarios y quehaceres, dentro y fuera de México.
En la historia latinoamericana, los viajeros, como los exiliados y migrantes, documentan una larga tradición. Los de origen europeo nos legaron sus crónicas de viaje, sus diarios, sus cartas y sus memorias. Ellos sentaron las bases de la tradición del  viaje ilustrado preñadas de sus miradas y prejuicios acerca de la otredad cultural, aunque, justo es decirlo, fueron más cuidadosos en inventariar y describir los recursos naturales sea con fines científicos y/o de explotación mercantil. La obra de estos viajeros tiene mayor o menos grado de visibilidad en nuestra cultura libresca, no ha sucedido lo mismo con la generada por nuestros viajeros nativos de los siglos XIX y XX. A veces la figura del viajero se confunde en apariencia con la del peregrino, en pocas ocasiones se fusiona o alterna.
El tiempo y las condiciones del desplazamiento pueden ser significados muchas veces por el desarraigo. Tendríamos que diferenciar los itinerarios, los tiempos y las pertenencias de los viajeros europeos. El danés Jacobo Daciano,  fraile franciscano, recorrió parte del territorio de la Nueva España en el curso del siglo XVI y las condiciones de su viaje y sus escritos expresaron las marcas de una época, además de su adscripción religiosa y cultural, según nos los documenta Leif Korsbaek. En cambio, los viajeros  alemanes Eduard Mühlenpfort y Julius Fröbel, así como el inglés, George F. Ruxton recorrieron entre 1827 y 1852 el corredor que enlazaba Chihuahua y Nuevo México. Entre el arropamiento “científico” de sus obras,  se dibujó la construcción de los “bárbaros” de estas regiones semi áridas como nos lo muestra  Jorge Chávez Chávez. Llegamos así  al final del dossier, invitando a nuestros lectores a la lectura y debate.

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