NOTA BENE:

Tutaykiri fue Revista del Colegio Profesional de Antropólogos de Lima entre los años 2009 y 2011, siendo su Director Walter Saavedra.

miércoles, 31 de agosto de 2016

De Sun Tzu y Jose Maria Arguedas

Walter Saavedra

«La fortuna favorece a los valientes»

Esas palabras del epígrafe son correctas, sólo que cada quién tiene una idea (casi siempre diferente) de lo que significa ser valiente. Todo depende de cómo hayas vivido y ante lo que te enfrentes... Sun Tzu dice que nunca te enfrentes a tu adversario en el terreno que él haya elegido. Si sabes que vas a perder o perecer en una lucha realizada en terreno que es favorable a tu adversario, entonces retírate. En ocasiones es difícil diferenciar la valentía de la cobardía… La vida de cada uno de nosotros puede ser vista a la luz de esas sencillas palabras del epígrafe. Cada uno expone su lado más fuerte y trata de explotarlo en su favor, aunque no todos actúan de la misma manera, es decir, no todos lo hacen de manera evidente. En una sociedad tan competitiva como la nuestra, donde algunos economistas consideran que el mercado es un campo de guerra, nos viene a la mente la enseñanza de Sun Tzu que dice que no muestres tus fortalezas sino que tienes que aparentar todo lo contrario; así debes actuar si quieres saber quién es tu adversario, si deseas conocerlo y derrotarlo en una eventual confrontación. Quizás por eso León Tolstoi nos hacía conocer el caso de los campesinos que se mostraban como tontos, no siéndolo, porque eso les permitía conocer más fácil y rápidamente a las personas con quienes trataban y si eran sus amigos o no. Claro, quien no es tu amigo, al ver que puede aprovecharse de ti, trata de hacerlo muy rápidamente si te considera tonto, te ningunea y te desprecia, mientras que, por otra parte, tú vas conociéndolo bien, sabiendo cuáles son sus lados débiles y llevándolo a tu terreno para cuando llegue el momento de combatir. Si ante las personas agresivas sabe uno que puede esperar, ante quienes se muestran como tontos no se tiene idea de quiénes realmente sean y cuáles son sus fortalezas y debilidades. Por eso mismo Sun Tzu señala: conócete a ti mismo y conoce a tu adversario y podrás obtener la victoria. Todo eso, obviamente, nos es útil en las relaciones personales también. Lo que nos hace recordar a Sócrates quien decía: conócete a ti mismo y conocerás a los demás. En realidad ese pensamiento es sólo parte del problema del conocimiento en las relaciones interpersonales. Claro, significó un importante avance frente a la frase existente antes en el oráculo de Delfos: conoce a los demás y te conocerás a ti mismo, lo que también es una verdad parcial. Muchos pensadores en nuestro tiempo se han quedado en la expresión socrática. Es preciso ir más allá, es necesario llegar hasta lo expresado por Sun Tzu para tener una idea más exacta sobre las relaciones interpersonales, aunque estas no tengan nada que ver con la guerra. Si Karl von Clausewitz definía a la guerra como un duelo a mayor escala, ese duelo lo encontramos en todas las sociedades desde que el hombre es tal. El hombre siempre está compitiendo entre sí por las cuestiones más fútiles porque esa es parte de la naturaleza humana… Se me ha venido a la cabeza la figura de Demetrio Rendón Willka, uno de los personajes centrales de la novela “Todas las sangres” de José María Arguedas. Demetrio constantemente repite, en los momentos más álgidos de la novela, la frase “que no haya rabia.” Es efectivamente la actitud que uno observa en el campesino siempre. No hay rabia en ellos, aunque pueda castigar a sus hijos o a quienes a su juicio se merezcan un castigo, pero lo hacen sin rabia, tranquilamente, para brindar una enseñanza. Por supuesto que eso no significa un pacifismo absoluto, pues la historia de nuestros pueblos antes y durante la presencia de los españoles nos muestra el carácter violento de esos pueblos (los incas cusqueños y los chancas de Apurímac o los mochica en la costa norte especialmente, aunque igualmente los fueron los diferentes grupos étnicos en sus conquistas o en la defensa de sus territorios). El estudio de los movimientos campesinos, a lo largo de la presencia española y después de que se obtuvo la independencia, nos brinda una muestra de cómo realmente son los momentos en que aquellos seres humanos creen estar llevando a cabo un castigo, siendo su objetivo el volver las cosas al revés, llevar a cabo el pachacuti. En los movimientos campesinos, vistos desde una óptica ajena a su cultura, se podría ver que la violencia desborda a sus ejecutores, y también desborda a sus líderes puesto que éstos mandan algo y el vulgo ejecuta otra cosa (lo que incluso durante la rebelión de Túpac Amaru aconteció). Los campesinos, a su modo, están siguiendo a sus líderes, quienes buscan conseguir lo mismo que aquellos: voltear el mundo al revés... El cuento de Arguedas llamado “El sueño del pongo” nos permite apreciar esta realidad, aunque expresada simbólicamente en un sueño. Es como si en los movimientos campesinos más radicalizados se le dijera a los patrones: tú me has hecho trabajar y me has maltratado ferozmente, ahora yo seré quien te haga trabajar a ti de esa manera y quien te maltrate como hiciste conmigo (recuerdo la frase que Velasco enarbolara en su reforma agraria: campesino, el patrón no comerá más de tu pobreza)… Cuando una rebelión campesina triunfa, las casas de los patrones son desvalijadas completamente (algo que José María Arguedas muestra a su manera en la entrega de sus pertenencias que realiza el viejo Andrés Aragón de Peralta antes de suicidarse en “Todas las sangres”) y nadie vuelve a habitar en ellas, convirtiéndose en simples ruinas con el paso del tiempo (es la suerte que les cupo seguir a muchas casas haciendas luego de la reforma agraria de Juan Velasco Alvarado)... Quizás la actuación del grupo terrorista Sendero Luminoso sea simplemente la expresión más radical y feroz de esta búsqueda campesina de una paz entendida a su manera, de un pachacuti radical, es una expresión ultra radical asentada en la frase maoísta que dice: el poder nace del fusil. No se me diga que estoy relacionando a Arguedas con los sanguinarios senderistas, porque nada está más lejos de lo que intento decir y de lo que digo… Arguedas quiso permanecer siendo indio toda su vida, no abandonar sus costumbres indígenas, y por ello en Lima siempre se acercó a los migrantes provenientes de los sectores más tradicionales de la sierra especialmente sur del Perú, amén de los viajes que periódicamente realizaba, y el mismo se consideraba indio (veámoslo sino siendo la atracción en la Peña Pancho Fierro por sus cantos y bailes netamente indios y exclamando en su novela póstuma “El zorro de arriba y el zorro de abajo”, que él no había dejado de ser indio, que él no se había “aculturado”), pero contradictoriamente el mismo Arguedas sabía que no era realmente indio, sino que era un mestizo de blanco e indio (su real madre parece haber sido una india cusqueña de nombre Juanita Tejada a quien él presenta varias veces en sus obras). Pero así como Arguedas se veía en Demetrio Rendón Willka, también se veía simultáneamente en don Bruno Aragón de Peralta, el hacendado de ascendencia española muy tradicional y despiadado que se sentía un “padre” para los siervos de su hacienda… Al final la muerte de Demetrio y la alegoría al “río de sangre” nos remiten a un elogio arguediano de las rebeliones campesinas… En Lima las ideas de Arguedas fueron cambiando con el paso del tiempo, las lecturas y el conocimiento de la antropología social que estudiara en la Universidad de San Marcos, de sus labores como docente y de los altos cargos oficiales que desempeñara. Le cupo la misma suerte que a los indios que llegan a la costa: cambió mucho aunque siempre siguió considerándose indio.

jueves, 25 de agosto de 2016

Retazos ideaticos

Walter Saavedra

Estoy en el mismo lugar de siempre, aunque a veces no estoy en el mismo sitio. La Biblioteca está casi vacía pues no suele venir mucha gente, miro bien y me doy con la sorpresa de que ahora se encuentra llena. No tengo ganas de ver multitudes entre las cuales casi siempre estoy perdido… En los tiempos de calor intenso la gente de New York anda huyendo de sus casas puesto que no se puede dar el lujo de estar utilizando el aire acondicionado todo el día y solamente lo usan de noche. Yo también estoy huyendo, aunque huyo de mí mismo y aquí gozo del aire acondicionado. ¡Qué calor hace en esta ciudad durante el verano! Ya no es tanto, pero es bastante aún… Comenzó a llover –ahora que es ya otro día- cuando estuve llegando al paradero del bus. Casi me arrepentí de haber salido de casa, aunque de todas maneras me vine porque tenía que recoger algunas medicinas en la farmacia… El calor de Nueva York me ha hecho recordar a Ica, sobre todo porque hace poco, el 15 de agosto,  se recordó un aniversario más del terrible terremoto de 2007. Tengo muchos testimonios guardados en mi computadora, mis alumnos damnificados en ese terremoto me los dieron. Pude contemplar directamente los estragos que sufrían los iqueños y especialmente los pisqueños y los chínchanos en los tiempos no muy posteriores al sismo, que ocurrió cuando yo no me encontraba en esas zonas… Ya estoy aquí. Estoy donde no sé qué estoy. Ya no tengo consciencia de qué local de la Biblioteca de Queens estoy hablando porque desde que comencé a escribir este texto he ido a varios locales y mis palabras se han ido intercalando como parches en un pantalón viejo. Cuando hablo pues no hablo de un tiempo, sino de muchos… He sentido intenso frío en medio del espeluznante calor que ha estado bañándonos. No, ya no tengo frio, todo está muy bien atemperado ahora, aunque no tengo idea si es hoy o ayer el momento que vivo en este instante… Hace algún tiempo me despedí de la dama de los olvidos, pero tampoco sé en realidad a quién le dije adiós cuando me dirigía a ella. Hablé mucho con esa persona. Siento que ha sido más el tiempo que realmente ha transcurrido, mas no es así. Quizás los años estén pasando con mucha rapidez… Miro en la calle muchos camiones, van cargando cosas que no sé qué son y no me preocupa saberlo… En días pasados se pronosticaba que debía estar lloviendo precisamente en el momento que yo deseaba salir, pero el sol parecía que no se había enterado porque brillaba en la calle ignorando tal pronóstico… El jardín no se muestra a mis ojos porque un gran vidrio corrugado lo cubre. No, no hay jardín qué mirar en este lugar. Todo ha sido una alucinación mía. El calor, la distancia, los recuerdos... El jardín ha regresado a estar en su lugar ¿acaso alguna vez se movió…? La mujer que devora mis entrañas se desvanece en el continuo amanecer que sueño en cada ocasión que la veo, incluso cuando no está frente a mí. Me pregunto si la volveré a ver. ¿O será un fantasma más de aquellas que han visitado mis devaneos con frecuencia? ¿Existirá realmente? ¿Existiré yo que pienso en ella tanto? ¿La volveré a ver?… Me siento desubicado. Es como si el tiempo hubiera pasado sin pasar. Es como si yo no pudiera saber dónde me encontraba cuando estaba en algún lugar conocido que desconocía. En esta sala puedo sentir, aunque no ver, el desbordante sol que aprisiona mis pensamientos. Busco alivio en el olvido. El tiempo pasa inmisericordemente. Estoy viviendo un presente que no es mío. He despertado. No logro darme cuenta de lo que me está ocurriendo. Mis pensamientos tiritan de ansiedad. Cobro consciencia de lo difícil que es vivir como uno quisiera, y menos aún sabiendo que tú estás omnipresente y no te encuentro por ninguna parte aunque en todas las mujeres te puedo ver. Mi mente musita tu nombre, dama de los azules infinitos… Sólo nos está permitido vivir una realidad que nos constriñe. No somos escuchados por quienes jamás oyen ni siquiera sus propios pensamientos… Gozo leyendo una vez más a Sun Tzu pues siempre tenemos algo nuevo que aprender. Con él no aprendemos a luchar contra la muerte, sino a luchar por la vida. A esta edición nunca le presté atención antes. Ahora la he encontrado en la Biblioteca como por casualidad, la he leído y no he encontrado todas las diferencias que me compelían a no leerla. Tengo otras traducciones, las que he leído con la actitud de quien se acerca a un libro desconocido y no me he decepcionado nunca. Estoy muy contento con esta edición que inicialmente me pareció tan mala ¿Qué habrá sido, no…? Lao Tzu dice en una de las traducciones al español del “Tao Te Ching”, que se le debe leer partiendo del capítulo final. Así lo hice yo, logrando descubrir grandes novedades, al menos para mí mismo. ¿Por qué siempre relaciono a Sun Tzu con Lao Tzu…? Al releer a Lao Tzu y me he dado cuenta –sé que no es una novedad para muchos- que su libro es esencialmente una polémica. ¿Contra quien polemiza? Se me ocurre solamente un personaje con el que está siempre encontrado: Confucio, quien nunca prestara mucha atención al “Tao te Ching.”  He comenzado a releer “Las analectas”… ¿Dónde estará a esta hora la dama envuelta en el velo azul de la esperanza? La recuerdo como si nunca hubiera existido antes, como si yo la hubiera inventado. Y aquí estoy mezclándola en ideas que nada tienen que ver con su presencia siempre ausente… Los niños juegan alegremente con la música que resuena alborotándonos a todos en la Biblioteca. ¿Son acaso los mismos niños que están jugando en el parque por el que he pasado hace poco y donde, al comenzar a llover, se les ve correr entre desesperados y alegres… Ya sé que estoy en la Biblioteca de Queens y no caminando cerca del parque. ¿En qué local me encontraré? Estoy perdido… He vuelto al local adonde siempre voy. Me siento más cómodo que en esa otra biblioteca a la que voy de cuando en cuando, pero en la que ahora no estoy aunque me encuentre en ella… El bebé duerme plácidamente en el cochecito en el que su mamá lo lleva. Se dirigen al lugar donde se concentra la música. Salen. Ella se sienta a leer en la sala de los “teens.” Hace mucho calor. Los niños juegan en el parque con los chorros de agua que salen de las fuentes que han sido colocadas para que ellos se refresquen… Todo transcurre, o parece transcurrir, tan rápido en este mundo que no me da tiempo para… Cierro los ojos para gozar con la idea de que la chica de los sueños azules se encuentra a mi lado aunque no lo esté… Las voces de las chicas que juegan con los niños inundan la biblioteca. Me  acordé de aquella chica del eterno azul cuya voz se sumerge en el silencio... Su nombre resuena musicalmente en mi cerebro... Algún día emprenderé el camino que me ha de llevar hacia el norte de mí mismo y me daré cuenta que toda mi búsqueda interminable ha llegado a su fin… No me siento bien. No puedo darle sentido a estos retazos que me han ido saliendo a lo largo de los días.

jueves, 11 de agosto de 2016

Ditirambos

Walter Saavedra

La poesía... de alguna manera, siempre la hacen los que desean y también la pueden hacer los no que no desean (o creen desear no hacerlo), por eso puede tener calidad o no tenerla en absoluto, puede trascender una realidad (como quiera que sea que a ésta se la entienda) o bailar siempre al filo de la navaja, puede decir mucho o puede no decir nada y dar a entender mucho o simplemente ser algo vacuo, puede expresar la presencia o la ausencia de un sentimiento, puede serlo todo y terminar no siendo nada, o podemos mirar a la mujer amada y decirle con Bécquer "poesía eres tú" y lo habremos expresado todo aunque no faltará quien considere que no hemos dicho nada. La poesía puede ser una incógnita o puede expresar todo lo que precisamos decir incluso desconociendo que así lo hacemos. A fin de cuentas, hasta con las más sencillas expresiones puede terminar uno haciéndose bolas... Y yo miro el mundo, contemplo arrobado lo que me rodea y exclamó con Bécquer: poesía eres tú, soy yo, es la sociedad, la naturaleza... y es el mismo silencio que se retuerce en los ditirambos de la vida.

El tao nos ensena...

Walter Saavedra


Hace unos días entré a Facebook y una amiga escribía (no sé a quién se dirigió), casi al desgaire: “hoy veré si el cobarde se vuelve valiente” y estalló en risas. Me pareció graciosa la acotación que estaba como hecha al margen de la vida… No tengo la menor idea de a quién ella se estaba dirigiendo, pero yo respondí, como si la palabras hubieran sido dichas para mí (que se perfectamente que no fue así), respondí -en el silencio en que el siempre estoy inmerso-, que no soy ningún valiente, pero tampoco me puedo catalogar como un cobarde. Ya sé que no era yo el interpelado, pero el caso así presentado me resultó muy sugerente. Lo cierto es que en tantas ocasiones me he sentido un cobarde que… aun así, con todo el miedo del mundo, iba a enfrentar la situación aunque tuviera la idea de que de ese enfrentamiento el único que iba a salir perdiendo era yo. ¿Quién no se ha sentido así alguna vez en su vida? Sí, lo reconozco, soy pesimista, empero enrumbo hacia adelante aunque a mí mismo me vea yendo hacia atrás. Marcho a ganar a pesar de que todo mi ser me diga que voy a perder. Ganaré, me digo y me repito una y otra vez, ganaré aunque nomás sea la experiencia de haber enfrentado el miedo que me devora… Yo me he había entregado por casi por entero a mi carrera como docente en algunas universidades, y quizás lo que saqué en claro fueron las depresiones profundas que me acogotaron sin piedad y que he combatido con la ayuda terapéutica apropiada. Muchos, en Perú, no comprenden la problemática a la que se enfrenta el docente y le exigen más de lo que puede dar bajo las pésimas condiciones en que se tiene que trabajar y el sueldo miserable que se obtiene. Sí pues, yo me pude dar cuenta que hubo instantes en que no podía con la tarea de enseñar que tenía por delante y me volví una completa nulidad, lo confieso. Aunque, todo eso, ya no lo recordaba porque, ante tales circunstancias, olvidar es bastante agradable, y las palabras (que colocamos al inicio) hechas acerca de un tópico que puede o no estar relacionado con lo que aquí desarrollo, me sirvió para recordar todo eso. Dos veces, cuando menos, tuve que abandonar mi trabajo porque no podía con él. Fue terrible. El sufrimiento por los que pasa uno es difícil de comprender por quien no ha estado en una situación similar (me refiero, por supuesto, a la depresión)... Enseñar es una tarea gratificante –sí, lo es- cuando se expone lo que uno va investigando, lo que se va descubriendo en las lecturas, y todo ello se da incluso cuando no somos comprendidos (no es que yo me crea un incomprendido, no, nada de eso). No pienso, para nada, haber sido siquiera un profesor medianamente bueno, simplemente me di a la enseñanza y sufrí las consecuencias de las exigencias en un medio en el que se nos pedía más de lo que se era capaz de dar, aunque realmente se diera todo lo que estaba a nuestro alcance. Muchos choques tuve con mis alumnos, pero no siempre fueron sufridos por mí de frente porque me enteraba de los desacuerdos cuando ya las quejas se habían hecho oficiales y nada podía hacer para revertirlas o para defenderme… porque hubo quejas, no lo escondo, aunque yo realmente nunca me enterase de en que consistían porque ni los alumnos ni las autoridades me lo dijeron… o no lo recuerdo (que es lo mejor que me puede haber pasado), o simplemente lo he inventado todo… No, ahora recuerdo que en los casos más flagrantes despúes los alumnos se disculparon conmigo y me pidieron que les siguiera enseñando, cosa que no hice porque… ¡qué sé yo! Quizás el orgullo herido me lo impidiera… El asunto es que la frase antecitada me recuerda las diferentes situaciones de la vida en que fui un cobarde y me fue imposible enfrentar “valientemente” situaciones parecidas a esas. Y no es que me gustaría considerarme subjetivamente un “sastrecillo valiente”, sino que sucede simplemente que las situaciones que viví han dejado un sabor muy amargo en mis recuerdos y aún llenan mis experiencias de múltiples aprendizajes que quizás no pudieron haber llegado de otra manera. Me recuerdan, dichas palabras, a la única filosofía que he sentido realmente mía, aunque ahora no sepa bien cómo acercarme a otros que la profesan para aprender juntos, aprender de ellos, intercambiar experiencias y criterios… Me refiero al Taoísmo por cierto. Lo curioso es que leí mucho acerca de esa doctrina y ya lo he olvidado prácticamente todo. Claro, resulta siendo cierto que recuerdo algunas cosas aquí y allá, sobre todo cuando me son necesarios, pero –y eso lo considero bueno- no están llenando mi cabeza de conocimientos que podrían obsesionarme, como antiguamente alguna otra filosofía lo hizo… En este mundo las cosas puras no existen, toda cosa lleva en sí misma el germen de su contradicción, es lo que nos enseña el taoísmo. Por ello mismo lo que consideramos pureza está desde su mismo nacimiento contaminado y lleva aquello que no le permite serlo de manera absoluta, lleva aquello mismo que lo hace impuro… ¿Puede el cobarde volverse valiente? El ser humano, como toda fiera, cuando se ve acorralado, sin más salida que la muerte, tiende a defenderse muy agresivamente, Defiende su vida, su razón de ser, su ser mismo que ha tenido siempre olvidado. Quizás se trate de una acción irracional, instintiva, quizás no se trate de un acto de valentía de la misma manera que la locura no puede explicar acciones arriesgadas desde el ángulo de lo heroico. Pero, como bien aconsejan los filósofos, no ataques a alguien que está ya derrotado hasta el final, hasta pretender destruirlo por completo, porque su reacción irracional defensiva puede llevarlo a ocasionarte una serie de daños que podrían terminar derrotándote a ti mismo y quizás tengamos que exclamar con Pirro que si obtenemos otra victoria como esa, estaremos perdidos... Dale siempre a ese alguien derrotado la posibilidad de escapar porque, además, como enseña el taoísmo, nuestra misión no es aniquilar a quienes se nos oponen, sino derrotarlos solamente. Si temes que después se haga fuerte es porque no te has dado cuenta que si lo destruyes completamente a él, lo convertirás quizás en héroe y posteriormente otros tomarán su bandera con lo que te puedes ver sumido en mayores problemas de los que podrías imaginar. Aunque esta idea parezca absurda, la vida nos da suficientes muestras de su validez como para tomarla en cuenta: las doctrinas más encarnizadamente perseguidas terminaron por convertirse en predominantes en un momento dado. Además, como el taoísmo nos dice, la guerra no se hace para destruir a alguien, sino que su finalidad principal es buscar obtener el triunfo sin tener la necesidad de combatir u obtenerlo con el mínimo posible de sacrificios...

sábado, 6 de agosto de 2016

Reflexionando sobre Egipto

Walter Saavedra


Hoy, después de mucho tiempo, leí un diario sobre un viaje a Egipto que muestra la realidad que allí se vive actualmente. Claro, recién me explico por qué cuando a los arqueólogos yo les preguntaba algo sobre la actualidad egipcia se quedaban callados y no era que les hiciera eruditas preguntas sociológicas o económicas, no, eran simples preguntas que las podría responder aquel que ha tenido contacto con las poblaciones que rodean los lugares donde se realizan las excavaciones. Pero no había respuesta, y ese era el mismo silencio que encontraba cuando les inquiría acerca de algunos detalles que se podían apreciar en las fotografías que enviaban y de los cuales ellos no se habían percatado o los habían pasado por alto. Los arqueólogos que investigan en Egipto prefieren no tocar esos temas porque temen por la concesión que tienen de trabajar en algunos lugares, pues son las autoridades egipcias quienes tienen que dar o pueden revocar el permiso. Y los he visto, a los diferentes investigadores, desplazarse en grupo yendo de un lugar a otro. Ahora todo eso cobra mucho mayor sentido que antes. Los enigmas egipcios no eran solamente aquellos que relata la mitología, sino también aquellos  otros que son actuales, pero que callan los arqueólogos… Egipto fue una civilización grandiosa, eso nadie lo puede negar, y a mí me interesa conocer qué se ha hecho de esa grandiosidad, cómo se manifiesta hoy en día, porque está aún ahí, tiene que estar ahí, viviendo en cada acción que realizan los descendientes de la gran cultura faraónica del pasado. Y muchos de quienes hoy en día trabajan en las excavaciones, son descendientes de aquellos otros egipcios que trabajaron para las múltiples investigaciones que se realizaron en el pasado, y no pocos de ellos ocupan los mismos cargos que tuvieron sus padres y que a ellos les fueron, a su vez, legados por sus propios padres (los cargos son ahora mismo hereditarios como quizás también lo fueron en el pasado). ¿Cómo no vamos a encontrar significativos detalles como éstos? ¿Cómo vamos a dejar de maravillarnos entre el contraste de las pirámides con las simples construcciones de los egipcios que viven en los lugares aledaños a esos magnos monumentos? Pero si se estudia los restos arqueológicos de los trabajadores de, por ejemplo, el Valle de los Reyes, ¿por qué no podríamos compararlos con las residencias actuales de los trabajadores y buscar las razones del cambio que ha de haber tenido lugar? Quizás aún hoy en día haya algún patrón arquitectónico que subsista al paso de los tiempos y se haya impuesto a los cambios que las nuevas culturas o creencias políticas y/o religiosas que han tenido lugar en este país de tan antiguas tradiciones. En todo caso ¿qué clase de presente vergonzante se esconde detrás de ese pasado tan grandioso? No creo que haya, en realidad, nada de qué avergonzarse en el presente que se vive, en todo caso debe existir sí un deseo de superarse. Pero comprendo, por supuesto, que hay mucho qué temer de la veleidad de las autoridades de quienes depende las autorizaciones para realizar investigaciones en Egipto. Claro, son los mismos problemas (en unos son más que en otros) que encuentran los investigadores que pretenden realizar su trabajo en nuestras propias sociedades y hay (al menos entre los antropólogos), quienes han escrito sobre el particular. Yo mismo he visto censuradas algunas de mis intervenciones en algún grupo cultural cuando alguna autoridad egipcia manifestaba, muy diplomáticamente por supuesto, que lo que yo decía iba contra sus ideas o creencias (y conste que yo no decía nada acerca del Corán, por ejemplo, pero sí hablaba de personajes bíblicos interpretándolos desde un lado antropológico). Con sólo esos pocos –bastante pocos, por cierto- elementos que iban surgiendo como al desgaire, nos íbamos dando cuenta de la problemática que existe en este tipo de sociedades para las investigaciones, donde la opinión propia debe ponerse siempre detrás de la palabra de algún autorizado investigador nativo. Es una cosa que he contemplado a menudo en informes periodísticos o científicos realizados en la propia tierra donde se investiga y dándose cuenta uno que de ese simple mecanismo depende la posibilidad de seguir trabajando en el país de que se trate. Por supuesto, estas simples consideraciones realizadas habrán de ser negadas por todo el mundo, y solamente pasarán por observaciones de un outsider.

NUESTRA VERDAD ES LA QUE CUENTA

Un país, mil experiencias

A raíz de unas críticas que recibí por un artículo que colgué en la red, decidí escribir este texto aclarando cualquier duda acerca de los hechos verídicos que a un viajero le puedan ocurrir en cualquier lugar del mapa. Mi viaje difirió mucho del de otros a cierto destino africano. Es innegable que los puntos de vista deben ser diferentes y la variedad, el enriquecimiento del conocimiento sobre nuestro planeta. Pero permitir que ciertos individuos especulen con una información según ellos manipulada, es como cargarse de un plumazo el esfuerzo de un trotamundos por conocer mediante otros medios, el alma del lugar:
En muchos países en los que he estado, el turista no es del todo bien recibido. Puede que en algún artículo que haya colgado, las ampollas de los amantes en cuestión del lugar, hayan reventado, hayan criticado mi punto de vista hasta límites sorprendentes, tildándome de mal viajero o de inadaptado. Bueno, sea como sea, sé lo que escribo y lo baso en mis experiencias reales. Basta de maquillar las verdades. Es muy sencillo estar en un Egipto bajo las estrellas cruzando el Nilo en un lujoso crucero. Pero habría que dar más rienda suelta al viaje, caminando, respirando y tragando toda la mierda que los mismos habitantes aguantan a diario.
Quien no quiera ver eso, no ve la realidad. Viajar no se hace para sufrir, sino para disfrutar. Lo sé y admito que mi modo de verlo, difiere mucho del de la mayoría. Me llaman a menudo loco, pero lo que no aguanto es que se ponga en duda una verdad que la he vivido y la he sufrido. El premio no debería ser la crítica infalible contra mi persona. Jamás me metí con nadie porque me dijera que “no merece la pena ir a países pobres para ver miseria”. Hay que mirar un poquito más allá de ese concepto.  Algunos incluso se atreven a ir un poquito más lejos. A nosotros no nos queda más remedio por ideología que  cambiar los patrones marcados por los catálogos de ensueño, porque nuestra realidad no es la universal, pero es la que hemos vivido, aunque acaben encerrándonos en el purgatorio de los indeseables.
Hay viajes y viajes. Tours organizados, expediciones a medida, guías contratados para que te saquen de la realidad y te muestren un país afable, sin problemas, centrándose en la cultura, siguiendo unas pautas muy previsibles, bajo ninguna sospecha de peligro. Luego está nuestro espacio, que no es otro, que ofrecer información de primera mano, sin manipular, siendo nosotros mismos los que nos pateamos las calles, los barrios, las periferias, moviéndonos por los países en transportes colectivos.
Lo dice bien claro el título de nuestro proyecto: viajar por libre. Creo que las personas que se ofendan porque yo dé mi opinión, se saltan a la ligera una regla fundamental en cualquier sociedad de este mundo: el respeto.
En ningún momento desde que empecé a viajar critiqué a las agencias que ponen en bandeja un viaje exento de incomodidades y peligros. Es más y a los hechos me remito. Cuando mi padre trotaba por estos mundos, su modo era sencillo y práctico. Contrataba las mejores agencias y lo dejaba todo a gusto del entendido en cuestión que era el agente del país a visitar.
Detrás venía yo unos años después, asesorado por sus vivencias,  calcando sus itinerarios pero moviéndome a mi aire para poder conectar de alguna manera con la gente de a pie. Muchas veces lo he conseguido, otras no. Un viaje puede ser fascinante o puede ser nefasto. Pero siempre resulta de alguna manera mágico.
Entiendo que tener una página de viajeros independientes es arriesgado. No vendemos nada. Compartimos vivencias. Es más, el dominio genera un coste anual sin beneficio alguno. Entendemos que deberemos soportar críticas, porque el mundo virtual, gracias a la evolución informativa  anti-censura que no entiende de fronteras, es libre y todos tenemos derecho a opinar. Pero opinar no es juzgar.
Diferenciando estos dos conceptos como nosotros hacemos desde que abrimos este espacio, con más ilusión que experiencia, tenemos la certeza que nuestros seguidores serán los pilares centrales de la información que intentamos ofrecer. Nos da lo mismo que sean objetivas o subjetivas. La cuestión es contar nuestras sensaciones, pensamientos y si salimos de la rutina del viaje perfecto, pues mejor. Mostremos la cara oculta del viajero independiente.  Hagamos saber que moverse por países es caro, que viajar toda tu vida sin pegar un palo al agua es una utopía.
Sed bienvenidos. Esta es vuestra casa, vuestro lugar si queréis decir la vuestra sobre vuestros sueños hechos realidad y si éstos se han convertido en pesadillas, tranquilos, que nadie os dirá nada. La verdad siempre es la que debe ir por delante, sea la tuya o sea la de un tercero. Cada vida es un mundo, cada país un universo diferente, dependiendo del prisma con el cada uno lo quiera enfocar.
¿Quieres saber el artículo que levantó tantas críticas? Pulsa aquí 
http://www.viajarporlibre.net/las-piramides-magia-negra/



Nota del editor: el artículo que hemos publicado aquí (con el título de "Nuestra verdad es la que cuenta") se encuentra en el siguiente link:
http://www.viajarporlibre.net/pais-mil-experiencias/


jueves, 4 de agosto de 2016

En cualquier quimera...


Con todo lo que yo he visto en mi vida andariega (aunque sin salir nunca del lugar donde me he encontrado siempre) se podría hacer un cuadro que… solamente a mí me interese, lo sé bien, porque casi nada es lo que he visto y es mucho lo que imagino. La vida está llena de sorpresas y, para mí mismo cuando menos,  yo soy la más grande de las sorpresas.  ¿Se imaginan viéndome en el espejo imaginario, que son los demás, mientras miro a cualquier otra parte? Creo que me he encontrado con un narcisista de cuenta mayor, pero claro eso de acuerdo al mito griego de Narciso, no de la creación psicoanalítica que es diferente... ¿Cómo evitar el narcisismo que no surge de una admiración por uno mismo sino de una negación de lo que uno debería ser y no es? Porque yo soy lo que no soy y sigo siendo lo que siempre fui... Un día miraré al río de mi existencia y correré, con él, hacia el mar de la vida plena donde encuentre otro mirar, otro ser, otro yo que sea el mismo yo que ahora soy, pero en diferente tiempo… Acabo de recordar un poema que aprendí en el colegio y que, a pesar de los años que han pasado, no se ha borrado de mi mente, al menos no en algunos de los versos que me impresionaron profundamente. Un poeta dijo que nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar que es… el morir. Una expresión verdadera pero con un punto exagerado de pesimismo donde solamente están la vida y su inevitable final que es la muerte y claro el poeta dice que morimos cuando nacemos.... Por supuesto, todo depende de cómo lo miremos, porque cada uno puede tener una interpretación diferente para esas palabras tan sencillas y tan llenas de significado. La simplicidad de la frase nos pone frente a la muerte como inevitable salida de la vida, pero entretanto ¿qué? Entretanto vivimos de la mejor manera que podemos, buscando siempre que esta vida sea la mejor dentro de las condiciones en que nos encontramos y perennemente luchamos -activa o inactivamente- porque esa vida sea mejor, siempre mejor. Luchamos contra el conformismo, pero sabemos también que en ciertas condiciones no nos queda más remedio que esperar lo que ha de venir, sin poder hacer nada para influir en los acontecimientos. El texto citado de Jorge Manrique nos sabe a pesimismo porque está insertado en su poema “Coplas a la muerte de su padre.” El contexto en que están insertas esas palabras que cité, el dolor que agarrota al autor, la actitud evidente de querer morir junto con su padre, todo eso nos lleva a pensar que es un texto pesimista. Por supuesto que dependiendo como se le mire y el estado de ánimo de quien lo lea, la interpretación puede ser diferente y hasta puede ser vista teñida de un optimismo que, para nosotros, no está  presente en el poema. Parte del poema dice: “Este mundo es el camino / para el otro, que es morada / sin pesar; / mas cumple tener buen tino / para andar esta jornada / sin errar. / Partimos cuando nacemos, / andamos mientras vivimos, / y llegamos / al tiempo que fenecemos; / así que cuando morimos / descansamos.” El dolor está inmerso en las palabras del autor en todo el instante en que escribe, un dolor causado por la desaparición física de su padre, a quien ama tanto. El poema entero es una muestra de ese duelo, un duelo natural que hace más llevadero nuestro dolor. Y si bien es cierto que toda pérdida conlleva un duelo, ¿cuánto tiempo puede durar dicho duelo? Todo ha de depender del momento y también de las circunstancias presentes. La vida no es una perita en dulce (dicho que acostumbramos decir en el Perú), la vida duele y el dolor crece mil horas por segundo (parafraseando –o mejor recordando- a Cesar Vallejo) a veces. Todo debe tener un final, hasta aquello cuya existencia nos ayudó a ser nosotros mismos, nos ayudó a existir, a reflexionar en todo lo que vemos y así vamos, sin quererlo, tratando de emular al rey Midas de la leyenda, buscando convertir todo lo que decimos en oro, un oro diferente, pero que igualmente terminará matándonos de inanición. Y en ocasiones, en medio del dolor, de la desesperación, del no saber qué hacer, quisiéramos emular más bien a Alejandro Magno, el rey macedonio, quien ante la imposibilidad de desatar el Nudo Gordiano de manera tradicional, optó por cortarlo con su espada y así, sin más ni más,  resolvió el problema que le planteaba el enigma de la conquista de Asia… La vida es así, pues no siempre los medios tradicionales logran solucionar los problemas sino que se tiene que recurrir a medios creativos, aunque (dicho sea de paso) ocasión hay en que uno quiere solucionar un problema de manera creativa cuando lo que en realidad se tiene que hacer es simplemente acudir a los medios tradicionales, que resultan siendo mucho más creativos por adecuarse a las circunstancias que se pretende resolver… No sé ahora a santo de qué surgió Jorge Manrique en este texto, empero yo sigo adelante con mi vida andariega, buscando aventuras en cualquier quimera. 
East Elmhurst, New York, United States

Seguidores