NOTA BENE:

Tutaykiri fue Revista del Colegio Profesional de Antropólogos de Lima entre los años 2009 y 2011, siendo su Director Walter Saavedra.

martes, 6 de diciembre de 2016

Soy un iluso buscador de soledades...

Walter Saavedra


He salido a caminar como otros días, pero ahora me he sentido muy solo, sin embargo sé muy bien que no lo estoy. A veces me pregunto qué es lo que me depara el destino, mas yo no deseo saber nada acerca de mi futuro, sino que quiero vivir la vida de acuerdo a como ésta va llegando… Voy yendo a un doctor y a otro pues muchos son los males que me aquejan, empero la vida sigue su curso de acuerdo a cómo nosotros le imprimamos con nuestros deseos más recónditos, aunque muchas veces no sepamos cuáles son esos deseos… Sí pues, he salido hace unos instantes nomás a caminar sin rumbo por las calles de esta ciudad, por aquí por Queens por donde siempre me desplazo algo desaprensivamente, aunque siempre pensando en cómo ha de ser ese futuro del cual no quiero saber nada. Miro con curiosidad las calles por donde siempre voy, calles  cuyas casas que se están llenando de luces anunciando la Navidad. He caminado mucho tiempo sin prestar mayor atención por qué lugares me desplazaba porque sé muy bien que siempre serán los mismos. He caminado mucho y he resultado donde siempre termino: en la biblioteca de Queens, sólo que ahora estoy en un local que nunca visito porque pasaba por aquí y a esta hora no hay otros locales que estén abiertos, a pesar de que ya es tarde en esta la mañana que me ve deambular por las esquinas inciertas de mis desazones. Inicialmente quise ir a otra sucursal, pero me di con la sorpresa de que ha cerrado por dos semanas, así que tuve que terminar en el local al que siempre voy y que no es el mismo donde ahora me encuentro… porque sin yo saber cómo he resultado en la Biblioteca Pública de New York. Se puede sentir el jolgorio de la gente por las fiestas que se aproximan en el silencio que me encierra entre estas calles que me ven pasar sin preocuparme si he de llegar o no adonde no sé que estoy yendo, pero sé que me desplazo en buena dirección. Los edificios de la Quinta Avenida lucen sus mejores galas, el enorme árbol navideño espera a los visitantes… Yo he sentido un dolor inmenso en medio del júbilo de tanta gente que no me deja caminar y en las calles aledañas a la casa donde vivo no veo gente ni siquiera en las ventanas de las casas, como se acostumbra en los pueblos pequeños donde todos miran lo que pasa y nadie los puede mirar a ellos escondidos tras las cortinas de las ventanas... Cada día me despierto temblando y pienso en aquello que sé que no debo pensar. Pero es que tengo miedo de tantos temores que visitan mis mañanas, solamente me siento bien en las noches cuando duermo sin preocuparme por nada. Y mi temor no fundamentado –o quizás sí- se erige como una peana que no puede soportar las penas que me embargan. Mi mirada se pierde en los confines indeterminados del universo que me cobija y nada encuentro en mi entorno, salvo a mí mismo encerrado en la cárcel impenitente de mis temores que se alimentan de días idos… A veces pienso en aquello que me he hecho la voluntad de no pensar, pero aun así pienso, y reconozco que ellos no son sino destellos fugaces de lo que otrora invadía mi mente, mi cuerpo, mi ser entero. Ahora me pierdo en la infinitud de estos días que avanzan a paso de tortuga mientras que yo me siento como una liebre que, por más rápido que corra, no logra alcanzar su lentitud ilimitada. Mis ojos descienden hacia los infiernos y pienso que en nada podré igualarme sino a mi propia ineptitud… ¿Saben en qué pienso cuando no pienso nada? Pienso en la oquedad de los silencios que acogotan mis huidas de la realidad cuando mis sueños no alcanzan a tapizar mis sentidos más intensos. Pienso en los augures de otros tiempos que conocían perfectamente el devenir de cada ser que iba a consultarlos… Después de mucho tiempo de andar inmerso en la sempiterna soledad, hoy día me siento realmente solo, esperando la mirada tierna de quien sé que no se ha de presentar, esperando la voz cálida de quien solamente quiere susurrar esperanzas leves. Ya no soy más aquel que con su prodigiosa voz desdibujaba, en el silencio de las horas, las telarañas de lo ignoto. Ahora no soy sino aquel que quiere elevar su queja para así quedar con la conciencia tranquila… Antes veía en cada sonrisa, una mano que se tendía prodigiosa hacia mi ser con redentora luz. Hoy todo es oscuridad en medio de las luces que alumbran las fachadas de las casas por esta Navidad que está ya tan cercana. Yo no tengo luces en mi ser interior, no tengo risas que se levanten hacia el alba, no tengo sino sombras que cercenan la alegría que otrora se alzaba hacia la infinitud del horizonte en que me encontraba… Ya mis pasos no comulgan con la decencia de la mañana, ahora se van encaminando hacia el despertar somnoliento de los sueños jamás habidos. Las calles de esta ciudad se cierran en torno a mis amargos despertares. Las casas destilan aires de alegría que no se ven mientras camino a solas por las sendas anochecidas por la nostalgia. La Biblioteca de Queens siempre alberga mis caídas del alma aunque muestre mi rostro más alegre en el instante en que estoy aquí, en la computadora que me apura con su deseo de que yo deje este lugar. Y la Biblioteca Pública de New York me recibe siempre como un visitante extraño que busca la soledad de los caminos empedrados de distancia… Empero, ¿qué es lo que estoy diciendo? Ahora estoy en mi propia computadora que no me conmina a terminar en una hora y tengo por delante los vaivenes de una tarde bañada en lágrimas… Sí, yo tengo que decir lo que me sale sin control, para así sentirme mejor y vagar tranquilo bañado por la luz de esta luna que hace mucho no veo, ni hoy tampoco he de ver por las nubes que la ocultan en la inmensidad de mi propio cielo. ¡Qué raro es este presente que no deja que el futuro se manifieste entre los brazos amorosos del pasado que se esfuma por siempre de mi mirada bañada en nostalgia!

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East Elmhurst, New York, United States

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