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Tutaykiri fue Revista del Colegio Profesional de Antropólogos de Lima entre los años 2009 y 2011, siendo su Director Walter Saavedra.

domingo, 31 de mayo de 2009

La literatura y la vida





María Isabel Remy escribe en 1992 un interesante texto, en el cual se proyecta sobre la realidad andina, analizándola intensamente, a partir de las obras de dos insignes literatos que tratan sobre el mundo andino desde su propia diferente perspectiva, por el hecho mismo de ser de diversos orígenes: el uno costeño y el otro serrano.
Bien es cierto que las interesantes reflexiones de Remy -como ella misma se encarga de puntualizar- surgen de la mano del poeta Manuel de Priego, mas no por eso dejan de tener originalidad. Este texto está lleno de elementos que nos permiten reflexionar y, a la vez, conocer los entretelones de las propias reflexiones de su eminente autora.
A pesar del tiempo transcurrido desde que fuera escrito originalmente, este texto de M. I. Remy mantiene una increíble vigencia. Esto se debe, no solamente a los planteamientos explícitos de la autora, sino también a las pautas que nos da para poder comprender lo que no menciona explícitamente pero que se encuentra presente en este documento, cuyo valor y vigencia nos lleva a publicarlo ahora en Tutaykiri...
Y no dejemos de lado el texto de Chema Salcedo, que publicamos a continuación del suyo, que lo complementa bellamente, pero además –no podemos dejar de expresarlo- tiene un valor muy grande en sí mismo.
La comparación entre José María Arguedas y Enrique López Albújar, está llena de punzantes ideas. Leyendo este documento de Remy, surge una inevitable reflexión -aledaña a la suya, por cierto- entre la literatura y la realidad que durante tanto tiempo ha sido –y sigue siendo- tema de discusión y de cursos universitarios.
La ficción literaria usa la realidad modificándola,porque de otra manera no sería dable su utilización o sería algo ajena a la realidad que pretende expresar. Incluso el realismo más fiero, no tiene más remedio que usar la imaginación para engarzar los elementos de realidad.
Quienes ven todo desde el ángulo simplemente político, dejan de lado los criterios estéticos para centrarse en si les conviene o no políticamente lo creado, condenando o defendiendo, en aras de esos criterios, las obras literarias o artísticas en general… serían capaces de destruir una obra artística simplemente por ser “reaccionaria”, con lo que no se diferenciarían de aquel desdichado alcalde limeño que destruyó “El ojo que llora” por simples y pedestres criterios políticos.
La literatura cuando surge de la realidad misma, y va más allá de las fronteras de lo que pretende hablar, deja su huella en las gentes que se ven reflejados en ella. Aun siendo fantasías, igual influye -y a veces decisivamente-, en la realidad que toca. Esto es lo que nos muestra María Isabel Remy en este impresionante escrito que narra cómo la literatura influye en la realidad, a la vez que la realidad influye en la literatura.
Como bien señala nuestra apreciada analista, la visión de Arguedas es la de una comunidad idílicamente armoniosa mientras que López Albújar nos presenta los conflictos que se dan en el interior de las comunidades.
Cuando Arguedas lee a López Albújar, a inicios de los años treinta, dice indignado que así no son los comuneros. Señala que el autor costeño los deforma. Yo voy a contar cómo son, exclama. Y así es como surgen los cuentos contenidos en su librito llamado “Agua”, porque se propone escribir la realidad que él ve en las comunidades que conoce, donde ha nacido, vivido y con las que ha mantenido contacto siempre.
Pero –a pesar de todo- los cuentos de “Agua” no muestran exactamente una situación idílica en el seno de las comunidades, aun cuando ello sea, efectivamente, lo esencial. Los cuentos de “Agua”, nos hacen ver las luchas, discrepancias y oposiciones en el seno de estas comunidades. No tan abierta y duramente como lo hace López Albújar (en “Cuentos andinos” y en “Nuevos cuentos andinos”), por cierto, pero ahí están, sin que seguramente haya sido el propósito del autor darle más importancia de la que tienen en un contexto de lucha, donde la unión prevalece.
Pantacha, por ejemplo, es inicialmente dejado solo en sus deseos de luchar por el agua contra el gamonal. El viejo don Raura es también un comunero que está al servicio del gamonal y contra los comuneros.
Ahora bien, el dueño de la hacienda Viseca -llamado “Ledesma” en el cuento-, es el tío de José María Arguedas, de nombre Manuel Perea Arellano. Manuel Perea Arellano es el hermano materno de su padre de Arguedas, quien se casa con la sobrina de Grimanesa Arangoitia Iturbide, madrastra de José María.
Grimanesa seguramente es pariente de la esposa de Nicolás de Piérola, Jesusa de Iturbide, hija de Agustín Jerónimo de Iturbide y nieta del -por dos meses- emperador de México Agustín I. Jerónimo va a Colombia donde es edecán de Simón Bolívar y combate en la Batalla de Ayacucho, aquí en el Perú.
El que Víctor Manuel Arguedas la haya conocido, y tratado tan cercanamente desde su llegada a Puquio, a Grimanesa Arangoitia Iturbide, y recibiera la deferencia de ella, se explica porque Víctor Manuel es pariente de David Samanez Ocampo y Sobrino –por serlo éste de su primera esposa Victoria Navarro Altamirano-, dirigente montonero contra Augusto Leguía en 1910 (donde ha tenido que participar también Víctor Manuel en razón del parentesco, tan fuerte y vital, en la sierra andina), y su opositor desde el congreso. Samanez Ocampo es también pariente de Nicolás de Piérola, tío de su padre José Benigno Samanez Ocampo y de Balbuena.
David Samanez Ocampo es presidente del Perú en 1931 (con quien colabora Luis Valcárcel, profesor de Arguedas en San marcos y luego su jefe en varias instituciones estatales), época en que Víctor Manuel Arguedas retorna a Puquio, presumiblemente a recuperar el cargo que perdió por la venganza de Leguía, en 1919, que además lo encarcela y lo tiene sometido a juicio cuando deja la cárcel.
En esta época (1919), su esposa, Grimanesa, lo acompaña en Puquio, siendo ese el momento en que Pablo Pacheco Arangoitia llega a hacerse cargo de la hacienda, dejando sus estudios en el Colegio Guadalupe, y es el momento en que Arguedas se va a Viseca, donde su tío. Víctor Manuel jamás se divorcia de Grimanesa.
A Enrique López Albújar (nacido en Lambayeque aunque vive en Piura y se considera piurano) no lo guía un afán simplemente literario para el conocimiento del indio, sino un afán profesional. Quiere conocer cómo son los indios para poder hacer una justicia justa en Huánuco, cosa tan desacostumbrada en esos lugares donde los indios son vistos como seres que no merecen sino desprecio y maltrato por quienes son ajenos a su mundo. Esto lo convierte en uno de los pioneros de la antropología jurídica en nuestro país.
Enrique López Albújar y José María Arguedas, estudian en San Marcos en épocas diferentes, pero con tantos y tantos vasos comunicantes entre esas épocas. Es interesante que Arguedas vea a López Albújar como un trasgresor de la realidad de las comunidades andinas. López Albújar se acerca al pueblo desde su cantera pierolista en San Marcos y eso lo lleva a su experiencia vital en Huánuco.
La guerra con Chile, la Guerra del Pacífico –y también el intento de España de recuperar sus colonias en 1862- deja profunda huella en las generaciones que viven esa experiencia. El indigenismo del siglo XIX y la expresión vigorosa, vitalista, positivista de Manuel González Prada, forman parte de esta expresión descontenta y buscadora de nuevos sentidos y nuevas formas de vivir y expresar la vida.
Narciso Aréstegui, Clorinda Matto, César Vallejo, Ciro Alegría, José Sabogal Diéguez, Luis Valcárcel, etc., no son sino la manifestación de un momento de lucha en la acción y/o en la palabra (en el siglo XIX e inicios del XX, que es la época que nos ocupa).
Cusco es el hervidero natural de los indigenistas que son, mayoritariamente, hijos de las grandes familias, que se rebelan contra sus propios padres y su situación socioeconómica. Por ser el padre de Arguedas un furibundo indigenista, le niegan la posibilidad de obtener el título de abogado en la Universidad San Antonio Abad (donde estudió) y tiene que irse a Arequipa para obtenerlo. La tesis universitaria de López Albújar es rechazada por subversiva y se gradúa en Piura… Es curioso que López Albújar estudie en el Colegio Guadalupe, donde Arguedas enseñará.
El movimiento indigenista influye fuertemente en los ambientes universitarios e intelectuales, por esta razón la obra de José Sabogal Diéguez (que estudia en Italia y realiza su primera exposición indigenista en 1919), nos parecerá más natural si constatamos que es desarrollado durante su estancia en el Cusco. El indigenismo tiene -como nos lo muestran las novelas de López Albújar y después la literatura urbana- su símil en la costa.
La Revolución rusa de 1917 deja sentir su influencia en la generación de José Carlos Mariátegui y esta influencia llega, por su intermedio básicamente, a Arguedas. José Carlos Mariátegui se prodiga generosamente en su lucha por los sectores sociales ajenos a la posibilidad de una vida digna.
José María Arguedas comienza a escribir bajo la influencia del ambiente universitario, de sus compañeros que –cuando recién ingresa a San Marcos- lo ponen al día con las corrientes y autores más destacados de la época (él llega básicamente con lecturas de los románticos, y entre ellos de Víctor Hugo, como señala Luis Felipe Alarco).
A un año de estar Arguedas estudiando Letras en San Marcos, esta casa fue recesada y él tiene que pasar un sinfín de problemas (hasta dormir en los bancos de la placita del hospital Dos de Mayo, a los 21 años, en 1932, pues su padre fallece a fines de 1931).
López Albújar, a los 21 años, en 1893, tiene que pasar varios meses en prisión, por ciertos artículos periodísticos en los que se burla del presidente Remigio Morales Bermúdez quien reprime la sublevación de los partidarios de Piérola.
Arguedas pasa cerca de un año (1937) en El Sexto, por su participación en la vejación en San Marcos, del representante de Mussolini: el general Camarotta, por los partidarios de la república española.
¿Qué fue lo que hace oponerse tan radicalmente a Arguedas contra López Albújar?
Cualesquiera que sean las razones, más allá de las literarias -que bien es posible existan-, lo importante es que han sido un estímulo para que escriba, impulsado también por el indigenismo de la época y sus ideas sicialistas, a no dudarlo…


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Chema Salcedo. Un Ciego en Busca de Arguedas
























































Chema Salcedo. Un Ciego en Busca de Arguedas waltergsaavedra Complemento al Texto de María Isabel Remy






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